​Municipios: en pos de la República

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En Villa Soriano y en otras localidades de Soriano con menos de dos mil habitantes, como lo hicimos hace cinco años, venimos promoviendo el activar el instituto de democracia directa, representado por el art. 16 de la Ley 19.272 (antes fue la 18.567) para solicitar la constitución de Municipios.


Varias veces nos han preguntado: ¿sobre qué sustrato ideológico animamos la constitución de Municipios?.


Más allá de los beneficios eminentemente prácticos que entendemos tiene la existencia del órgano, la respuesta es la misma: la de la República.


En principio en la República, -y por tanto los republicanos-, sostenemos los valores de diversidad y disidencia, la idea del pleno ejercicio de libertad, solo posible si hay igualdad ante la ley. En ella nadie puede decidir por las personas, en lo que hace a sus propios intereses, en tanto y en cuando no perjudique a terceros o intereses de terceros.


En la República ideal es todo el pueblo que autogobierna, protege la libertad como un acto contra la dominación y la ley es su garantía.


Por la imposibilidad de hecho de que todos al mismo tiempo consideremos y gestionemos sobre todos los asuntos que nos competen en una millonaria asamblea a modo de ágora griega – o sea que todos gobernemos-, cedemos a terceros, mediante la idea de la representación, atribuciones para actuar en aras del bien común.


Somos nosotros los soberanos, los que establecemos las instituciones para gestionar tales asuntos basándonos en el principio de la distribución jurídica de los poderes, y somos nosotros los que –en un proceso siempre reformista- tenemos que orientarlas a actuar siempre a favor de la libertad mediante procedimientos o contrapesos que pongan freno a las tendencias o tentaciones despóticas de los que empiezan a hacerse demasiado fuertes.


En la República cedemos la capacidad de gestionar, pero no cedemos la libertad, por el contrario bregamos por ella.


En este caso los Municipios por sí mismos más allá de la pretensión de descentralización con la que fueron propuestos en la Ley que los creó (o sea en la idea de traspasar poderes y funciones del gobierno central a organismos autonómicos), valen por su capacidad de desconcentrar, o sea, la de hacer que el poder o responsabilidad deje de estar concentrado en una sola persona o entidad.


La existencia de Municipios implica por ende la generación de liderazgos locales, que actuarán como defensores de los “fueros” de la gente, tan caros a nuestra tradición autonómica municipal española recogida en los viejos cabildos, y servirán de contrapeso a los caudillos departamentales de todos los partidos, que –reforma constitucional del 97 mediante- se convirtieron en barones cuasi propietarios de las jurisdicciones en las que actúan.

Como dice el pensador José María Samponi Mendo “El municipio es el marco por excelencia de la convivencia civil, cuya historia es en muy buena medida la del Occidente al que pertenecemos. En occidente el progreso y el equilibrio social han estado asociados desde la antigüedad al esplendor de la vida urbana y al consiguiente florecimiento municipal. Y viceversa, los períodos de estancamiento o de retroceso se han caracterizado igualmente por la simultánea decadencia de las comunidades ciudadanas, que en siglos ya lejanos llegó a consumarse con la ruina y extinción de los municipios”.

Parafraseando al mismo escritor “Si el señorío es el arquetipo de la sujeción personal –las Intendencias que tienden a ello-, el municipio es el reducto de las libertades. Defendamos esas libertades, el municipio es algo muy cercano a nosotros”.



Freddy Planchón

Periodista y militante colorado

Oriundo de Villa Soriano

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