​Juan Estévez, Premio Nacional de Literatura con “Entusiasmo Sublime”

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Sentado en su moto Suzuki 125 cc negra, y con la novela “Entusiasmo Sublime” en mano, el escritor y periodista mercedario Juan Estévez, ganador del Premio Nacional de Literatura en la categoría Narrativa Inédita, visitó esta




Entre cuarteles y quilombos, prostitutas y milicos, y un afiche de Piotr Kropotkin, Juan Estévez encarna en el personaje Iván, la vida en el Uruguay de mediados de los años '70, mirada desde la perspectiva de “gente común”. Se trata de “una reivindicación a los seres anónimos que resistieron la dictadura” y una forma de entender aquella época a través de otro cristal, diferente a lo que la política partidaria de izquierda o derecha narra sobre los años de la dictadura. Es el relato de “gente común que de alguna manera se burló de la dictadura, y sobrevivió a pesar de ella”.



¿Cómo nace “Entusiasmo Sublime”?

-Es una reivindicación a los seres anónimos que resistieron la dictadura. Generalmente se ha dado la versión desde la izquierda o la derecha sobre lo que fue la dictadura. La inmensa mayoría ha quedado fuera de ese relato, es gente común que de alguna manera se burló de la dictadura, y sobrevivió a pesar de ella. Son muchas historias de cómo sobrellevarla y cómo sobrevivir a un estado de no libertad. Un poco es eso, otro poco es reivindicar mi generación. Nosotros somos la generación sandwich, la que era muy joven cuando el golpe de estado, y eramos veteranos cuando se restablece la democracia. Así que nuestra generación fue muy sufrida, porque lo mejor de la vida que es la juventud, la pasó sin libertad. El libro da un pantallazo de cómo era el estilo de vida de esa época, un poco para que los jóvenes se den cuenta qué fue lo que pasamos. El relato de esa época ha sido específicamente político. El personaje central de la novela está emparentado con la política, pero antes que nada desarrolla la vida común. Lo que lo hace peculiar es que está de los dos lados, coquetea con la anarquía y a la vez entra al ejército. Ahí se genera la historia.


¿Es un relato que en lo personal lo considerabas necesario para canalizar una perspectiva personal de lo sucedido en esa época?

-Me parece que es una de las tantas historias que seguramente sucedieron en el país. Es un poco hacer catarsis y decir qué fue lo que sucedió porque esto también tiene un poco de historia personal. Pero básicamente es una pintura de lo que fue aquella época y cómo pudimos sobrevivir. Y también pintar lo que dijo Benedetti, de que la peor herencia que nos dejó la dictadura fue la mezquindad. En ese entonces si uno no era mezquino corría mucho riesgo. Mezquino en cuidarse de no hablar, de no decir cosas, cuidarse del otro. Eso nos instaló la dictadura y todavía tenemos secuelas de eso...



Nota completa en edición del 14 de junio de 2017

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