​Buscar justicia… a pesar de la ley y los jueces

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Los ricos nos proponen “…una existencia low cost, ecológica y de bajo consumo…”. Bien distinta, lejana y distante a la suya: consumista y despreocupada por los impactos sociales o de cualquier otro tipo. Y lo dicen sin pudor.

El País, publicó el 9 de noviembre de 2016 un editorial en el que se afirma: “Terminada la fiesta del consumismo privado y del despilfarro estatal, a la que fuimos invitados pero de la que ya nos echaron, empezamos a comprobar que estamos mucho peor de lo que afirma el vacuo discurso oficialista.” Hay un sector que concentra la propiedad, las riquezas, el ingreso. Son pocos, poderosos y dueños de medios como El País. Por mucho que sub declaren a las encuestas y le oculten su situación real a la DGI, es evidente como aumentaron sus ingresos y sus patrimonios. Aunque tienen ‘problemas de rentabilidad’: si sus patrimonios se duplicaros y su ingresos crecieron ‘sólo’ 50%, la rentabilidad cayó.

Como el tero, hacen ruido lejos del nido. “Nuestro sistema educativo vuelve a la sociedad más desigual, impide la movilidad social y nos hunde en la violencia cada vez mayor que padecemos.” La educación ¿es ‘la’ responsable? La mitad de los niños nace en los hogares más pobres, con claras desventajas para aprovechar el sistema educativo. Discutir eso parece una broma de mal gusto.

Aunque, por lo menos, reconocen que “La oposición por su parte, dividida, sin proyecto común y sin propuestas concretas para los grandes asuntos del país, no logra presentarse como una alternativa atractiva al desgobierno frentista.” Sí, claro; uno mira Argentina, Paraguay, Chile o Brasil y le entra como un ‘miedo a la derecha’.

Mientras no se cobre conciencia de esta situación y no se generen alternativas para superar este bloqueo que nos está matando (literal y metafóricamente), estamos fritos.” Estamos fritos, sí… salvo que pongamos las prioridades en función de la justicia, de la ética, de los valores (tan invocados como desconocidos). El derecho y la voluntad de las mayoría pesa (debería pesar) más que los privilegio de las clases dominantes.

El 19 enero, otro editorial, se refiere al “Club de los 8” que, según cálculos de la ONG británica Oxfam, detentan una fortuna mayor que toda la mitad más pobre de la población mundial: 3.600 millones de seres humanos. El matutino recuerda que “en esa lista están (...) gente que (…) ha desarrollado productos, sistemas o servicios, (…) que han permitido generar riquezas inmensas a otras personas, o que han facilitado las comunicaciones y la producción (…) En un sistema de mercado más o menos funcional, (…) la "gordura" de su cuenta bancaria no deja de ser un pago por el beneficio que nos han generado a todos.” (…) “enseguida que se empieza a hablar de estos temas de riqueza y desigualdad, suelen surgir las voces que cuestionan el sistema capitalista y de mercado como forma de regulación de la sociedad.” La tarea de justificar una sociedad cuyo fin es el lucro, la acumulación de bienes materiales, no parece fácil en términos de ‘valores’. Las disputas por riquezas y poder para tener más riquezas, acompañan la historia desde los albores de la humanidad. Basta pensar en cómo se privatizaron las tierras y sus recursos. No hablo de historias viejas ¿Cuántos líderes campesinos fueron asesinados en Colombia, Honduras, Brasil o Paraguay en los últimos años? Hoy en Chile matan mapuches y en Argentina tienen presa a Milagros Sala… Por poner algún ejemplo.

Para la derecha en el reclamo por mejores condiciones de vida “se mezcla gente honesta preocupada por mejorar la organización social, y otras que solo son amargadas letanías de los viudos del fracaso socialista, a quienes no les molesta tanto la desigualdad, sino la riqueza en sí misma, y un sistema que permite a la gente prosperar sin depender del poder político de turno.” ¿Cuándo, en qué sistema, los ricos comparten sus bienes de buena gana? ¿Cuánto es suficiente para los capitalistas? No existe la riqueza en sí misma, siempre es un factor de poder.

¿Alguien cree que “nadie impuso el sistema capitalista, ningún político se presentó a una elección diciendo que iba a establecer eso. Ha surgido naturalmente en occidente, por el desarrollo económico e intelectual de las sociedades, y ha ido siendo adoptado por otros en base al éxito que ha logrado en mejorar la calidad de vida y consolidar la prosperidad en los países.” ¿Lo cree el matutino, cuando lo firma? “L'État, c'est moi” es una afirmación atribuida a Luis XIV de Francia. Las élites empresariales, las familias ‘nobles’, ejecutivos y alta gerencia sienten lo mismo que “El Rey sol”.

El País considera logros del sistema “la expectativa de vida” “la mortalidad infantil”, “la disponibilidad de alimentos”, “el nivel de democracia” “el descenso de la pobreza extrema” y usa para medir “promedios en el mundo” de cada uno de los indicadores. La extrema desigualdad entre regiones y personas hace de esos promedios una infame y cruel distorsión de la realidad. “En el mar de los promedios los enanos se ahogan” advertía el Polo Gargano.

Para El País “… queda claro lo importante de ver la película completa a la hora de analizar el sistema político y económico en el cual vivimos la mayoría de los humanos en el planeta hoy. Y que si bien todo sistema humano es imperfecto y mejorable, tener bien claro lo que funciona y lo que no.” La película completa la mostró, por ejemplo Leo Huberman (Los bienes terrenales del hombre/1936) después Eduardo Galeano (Las venas abiertas de América Latina/1971) y más reciente Thomas Piketty (El capital en el siglo XXI /2013) El capitalismo no funciona, por lo menos para los 3.600 millones que comparten lo mismo que 8. ¿Para qué quiere alguien 50 mil millones? El derecho a la riqueza sin límites ¿es más importante que el de la mitad de la humanidad a vivir con dignidad?

Considerado un maestro del derecho, Eduardo J. Couture aconseja a los estudiantes: “…tu deber es luchar por el derecho; pero el día en que encuentres en conflicto el derecho con la justicia, lucha por la justicia.” Porque “…la abogacía es una ardua fatiga puesta al servicio de las causas justas.” El País y todo lo que representa en términos de intereses e ideología de clase ha sido, es y será defensor de las peores causas. De las más clasistas que son las más injustas.

Es así: “El neoliberalismo no se reduce a una política económica, es una cosmovisión, un modo de pensar el país y el mundo, una escala de valores en la que, como dice el Papa, el dinero (la acumulación infinita de dinero) ocupa el lugar principal, el lugar de Dios.” “…sin un discurso político claro y una hoja de ruta más o menos perceptible, la unidad puede ser –o ser percibida, lo que en política es lo mismo– como un amontonamiento oportunista, como un reflejo defensivo de una burocracia política que se siente amenazada y está dispuesta a tragar sapos para mantener un lugarcito en la distribución de cargos.” Edgardo Mocca/Página 12

  1. Thomas Piketty Fragmento de una conferencia dictada en Sidney Opera House, Australia, en octubre de 2016.

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