​Con pena y sin gloria

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En la década que comenzó en 2005 y finalizó en 2015, el intendente de Colonia fue el doctor Walter Zimmer. Para muchos, un líder carismático de esos que no se callan lo que piensan. Para otros, un típico caudillo del interior, un poco atropellado, pero honesto. Para la mayoría, alguien de quien ya se olvidaron.


Pero ocurrieron unos cuantos sucesos que harán que el doctor Zimmer quede en el recuerdo; por ejemplo: fue el primer intendente en la historia del Uruguay en ir preso durante su mandato. A lo largo de varios meses tuvo que dejar de ejercer el alto mando, ya que se encontraba recluido en Piedra de los Indios junto a su Director de Hacienda, el contador Ahunchaín. Ese fue un hecho histórico, que puso a Colonia en la primera plana de todos los diarios. Obviamente que no era para sentirse orgulloso, pero por un tiempo todos hablaron de nosotros. Menos orgullo tendría que darnos recordar que cuando salió de la cárcel un importante grupo de fans lo estaba esperando y lo acompañó hasta el edificio de General Flores. La banalidad del mal, diría Hanna Arendt.


El zimmerismo pasó con pena y sin gloria por las plácidas praderas del departamento de Colonia: corrupción, negocios turbios, nombramientos solamente para beneficiar a los amigos, dinero que se gastó sin rendir cuentas, robo de combustible, vacaciones en el exterior pagadas por los contribuyentes y un largo etcétera de irregularidades que parecen no tener fin. El manejo absolutamente arbitrario e irresponsable del tema de las patentes, que consistió en robarles a los departamentos vecinos la mayor cantidad posible de patentes hasta el último minuto, terminó con el intendente en la cárcel. La venta de una camioneta de la intendencia, mediante la cual Zimmer intendente le vende una camioneta a Zimmer ciudadano, va a ser seguramente uno de los hechos más insólitos de la década. Estoy seguro que cuando tenga nietos, voy a contarles la historia de la camioneta y espero que en el Uruguay de ese entonces, el cuento resulte gracioso y casi ridículo, propio de alguna comarca bananera.


El zimmerismo fue todo eso y mucho más: porque todavía queda saber qué pasó con la plata de los préstamos internacionales y también a dónde fueron a parar los muebles de una casa que supo habitar el doctor. Parece que a muy pocos importa que durante diez años unos privilegiados hayan sido los que vendían el balasto sin llamados a licitación y también unos pocos hayan sido los que tenían todos sus camiones contratados por la Intendencia, que benefició a sus amigos votantes antes que beneficiar a la población. Ninguna de estas cosas preocupan a algunos sacrificados trabajadores que dedican 8 o 10 horas al día escribiendo pavadas en facebook, buscando la paja en el ojo ajeno y no denunciando jamás a quienes sistemáticamente se dedicaron a usurpar nuestro patrimonio.


Digo para terminar algo que quise decir al principio y luego me olvidé: durante los diez años del fatídico zimmerismo, también existían los otros dos sectores del Partido Nacional. Los mismos que hoy se horrorizan cuando salen a la luz las barrabasadas del doctor. Durante diez años los dirigentes del doctor Carlos Moreira y los de Ricardo Planchón, no dijeron una sola palabra sobre los desmanes del zimmerismo y nunca nos apoyaron cuando denunciábamos lo que estaba ocurriendo. Es importante decir que muchos de los indignados de hoy, fueron los cómplices de ayer

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