​Inflación, tarifas, salarios y jubilaciones

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Los fines de año son tradicionalmente propicios para los balances personales y colectivos. Como confesarme no es lo mío, intentemos una reflexión sobre lo colectivo.

La economía regional muestra, con claridad, las limitaciones del sistema para satisfacer los más elementales derechos humanos. Aunque las constituciones suelen referirse al trabajo, la salud, la educación, la vida misma, como derechos que el estado debe asegurar, la realidad está muy lejos de eso. Para tratar de entenderla usamos índices, o sea números, con los que se supone medimos éxitos y fracasos de la sociedad. No son sencillos de interpretar.

Distintos economistas y politólogos nos describen realidades tan dispares y distantes que resulta difícil aceptar que las llamadas ciencias sociales merezcan esa categoría. Aunque, en general, podemos acordar que una primera imagen de nuestras realidades pueden obtenerse comparando los resultados –números- en diferentes países de la región. También me parece útil revisar las series históricas que permiten comparar las situaciones de cada país a lo largo del tiempo y de diferentes gobiernos. Quiero señalar que, sin tener en cuenta el marco general de la región y el mundo, no es posible sacar conclusiones definitivas respecto a la realidad social, económica, política y cultural de nuestras comunidades.

Repasemos algunas cifras disponibles sobre Uruguay. En octubre de 2016 el Índice de Precios al Consumo (IPC) alcanzó el 8,5%; en noviembre, 8,10%. La inflación anual sigue bajando, contrariando las previsiones que tenían empresarios y economistas ortodoxos en marzo.

Las negociaciones en los consejos de salarios han sido particularmente complejas. Gobierno y sindicatos coinciden en defender que no puede haber pérdida de salario real. Los sindicatos reclaman continuar con aumentos por encima de la inflación, las asociaciones patronales claman por la rentabilidad ‘perdida’ de sus empresas y afirman tener problemas de ‘competitividad’. Ese ha sido desde siempre su reclamo, nunca las ganancias les parecen suficientes, ni los ‘costos laborales’ les parecen razonables.

Las jubilaciones y pensiones tendrán un aumento provisorio de 9,70%, que se aplica desde el primero de enero. Una vez definido el Índice Medio de Salarios (IMS), enero-diciembre 2015, en febrero habrá un ajuste. Por norma constitucional las pasividades siguen la evolución de los salarios y por decisión política, el salario mínimo nacional (SMN) y las remuneraciones más bajas, ajustan con porcentajes de ‘recuperación’ más altos. Hubo épocas en que se apretó el SMN y se suspendió la negociación salarial tripartita: empresarios, trabajadores y estado. Para bajar el déficit de las finanzas públicas, el salario y las pasividades – no las militares -, eran la variable de ajuste.

El Producto Interno Bruto (PIB) es el valor de todos los bienes y servicios producidos en una economía en un período determinado, sin duplicaciones (efectivamente nuevos). El PIB equivale al Valor Agregado Bruto de la Economía, esto es, al valor nuevo creado por una economía en un período determinado. El PBI uruguayo cerró 2015 en U$S 53.443 millones, mientras que en 2004 era de 13.217 millones de dólares.

El cuadro muestra las cifras en los años anteriores.


Año PIB (millones U$S) PIB per cápita (U$S)

2005 16.619 5.014

2004 13.217 4.003

2003 11.186 3.386

2002 12.273 3.652

2001 18.556 5.553

2000 20.075 6.043

1999 20.912 6.331


Entre 1900 y 1957 se creció a una tasa promedio anual de 3,3% a pesar de dos guerras mundiales y la crisis más grande vivida por el capitalismo. En contraste, entre 1957 y el 2000, el producto creció a un ritmo del 1,7% anual. Los resultados de las políticas económicas también se deben considerar a la luz de cuánto impactan las crisis y cuánto se beneficia el país de las épocas buenas. Cuando decimos el país, nos podemos referir al PBI o al PBI per cápita, que es un promedio y supone un reparto equitativo inexistente en la realidad. La desigualdad también se mide por un índice, el de Gini.

Con los gobiernos del Frente Amplio Uruguay ha mejorado sustancialmente su PBI y como la población casi no crece, el PBI per cápita subió notablemente. Además el índice Gini muestra una mejora en la ‘distribución’ de riquezas e ingresos, tendencia que a nivel mundial es la opuesta. Pero son números que resultan funcionales al análisis de los economistas ortodoxos, índices y promedios que muestran aspectos de la realidad, pero ocultan otros.

El ajuste de las tarifas en las empresas públicas será de acuerdo a la inflación, es un criterio razonable si se sigue una lógica empresarial. Los empresarios trasladan los aumentos de salarios, la inflación y cualquier otro costo a sus precios de venta para ganar lo más posible.

Las empresas públicas siguen otras lógicas. 1) Ofrecen servicios públicos esenciales que deben llegar a todos los ciudadanos, a veces con pérdida para la empresa. 2) Son una palanca de desarrollo formidable. 3) Pueden ayudar a las finanzas centrales.

Cuando la izquierda llegó al gobierno, luego de intentos privatizadores, mala administración, uso clientelar de los puestos de trabajo y desinversión, -norma de las administraciones blanqui-coloradas- intentó con éxito variado, actualizarlas y racionalizar su funcionamiento. El cambio de la matriz energética impulsado desde la UTE es un ejemplo de éxito, la gestión de Ancap –hay que decirlo- fue mala.

Se le reclama a OSE que, por ejemplo, haga el saneamiento en Ciudad del Plata y tantos otros lugares que lo necesitan. Comparto, hay que hacerlo y son obras millonarias. Una parte debe salir de la recaudación del Ente. ¿Hay que mejorar las gestiones? ¡Sí, claro! Pero hay que mirar los números con otras ópticas y la visión debe ser global, social y honesta.

Hasta aquí, por hoy, los números. Números índice que todos los países usan de la misma forma y de la mano de los análisis del Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Las ciencias ‘exactas’, las ‘duras’ las que pesan y miden realidades, las que se manejan con el estudio de las leyes de la naturaleza se perfeccionan, avanzan, surgen conocimientos nuevos, en el contraste permanente de las teorías con la realidad, de las ‘hipótesis’ científicas con la evidencia empírica. No tiene validez las expectativas, ni el ‘parecímetro’. ¿Qué sentido tiene, si de ciencias hablamos, el humor de los mercados?

El Uruguay, el gobierno frenteamplista, salen bien parados de la comparación entre las políticas regionales, también si el contraste es con su propia historia. Otra cosa es si la comparación es entre la realidad y las posibilidades de una economía que pasó a exhibir una ‘renta alta’ que no se condice con la cantidad de gente que gana U$S 500 o menos. Es difícil decirlo mejor que el economista Héctor Tajam (609-FA) “Si bien en todos los períodos analizados el PBI creció por encima del crecimiento del salario real, en el período 1986-89 lo hizo un 50% más; en el 1989/94 casi 6 veces más, 1994/99 más de 13 veces más. En la crisis los salarios cayeron 3 veces más que el PBI. Sin embargo en los períodos frenteamplistas la acumulación capitalista en este sentido fue mucho menor, pero y como decíamos antes, de todas formas el PBI creció (70%), más que el salario real (52%).”

Los números muestran que la desigualdad mejora sensiblemente y la pobreza se reduce rápido en los gobiernos de la izquierda. Pero si la riqueza crece más y más rápido que los salarios ¿por qué se quejan tanto las patronales?

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