La participación ciudadana no es una cuestión de números

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La magra concurrencia de los vecinos” a las últimas sesiones del Concejo en los barrios Centro, Santa Emilia y Nacional, fue el argumento que los concejales del Partido Nacional, Guillermo Del Castillo y Carlos Mengen, utilizaron el martes pasado para fundamentar el pedido de que el Concejo Municipal de Cardona deje de sesionar en los barrios de la ciudad. El planteo como informáramos en la edición del miércoles anterior, fue aprobado con el apoyo del alcalde Ruben Valentín.

La decisión representa por un lado un serio retroceso en el vínculo que el gobierno local había logrado establecer con los vecinos, instaurando por un lado las Mesas de Participación Barrial y comprometiéndose por otro, a sesionar periódicamente en los diferentes puntos de la ciudad, para

explicar a los vecinos en qué se encuentra trabajando el gobierno local e informar del cumplimiento o no de las obras proyectadas para la ciudad.

Ir al encuentro del vecino, sentarse a trabajar en el propio lugar donde él habita y tratar los temas que hacen a su diario vivir, es la esencia y vida de los Municipios. El tercer nivel de gobierno nació para achicar las asimetrías entre los gobernantes y gobernados, y no para seguir alimentando una burocracia que toma decisiones entre cuatro paredes y tiene como únicos interlocutores válidos a aquellos que tienen la capacidad de organizarse y de llegada a las autoridades.

Llevar el Municipio a los barrios y escuchar cada tanto a los vecinos, es poner a éstos como centro de la gestión municipal y dar por tierra cualquier barrera (económica, cultural, ideológica, etc) que pueda significar un obstáculo entre la necesidad del vecino y la oportunidad del gobernante de encontrar soluciones o respuestas a esas demandas.

Por lo tanto el vínculo entre el gobernante y el ciudadano no se puede medir nunca por la cantidad de gente que asista a una sesión barrial del Municipio. Pueden haber concurrido un centenar de personas y el Concejo no llevarse ninguna propuesta o idea concreta y quizás en otra ocasión, asista un solo vecino con una iniciativa que puede mejor las condiciones de vida de todo un barrio. El parámetro para sesionar o no en los barrios no puede estar ligado a que las tribunas estén llenas, si es así, no se ha comprendido el verdadero papel que tienen los Municipios, o se teme que los vecinos se empoderen de sus derechos, y demanden acciones que algunos de nuestros gobernantes no están preparados para responder.

Pero además de ésto, ir al encuentro del vecino significa ampliar las fronteras de la democracia, es visualizar al ciudadano como el pilar fundamental de la acción política, pero no observándolo como un objeto inerte o demandante exclusivamente de la acción del Estado, sino como un ser activo, capaz de involucrarse en el debate, en la toma de decisiones y contralor de las políticas públicas. Y para eso es necesario que nuestras autoridades se acerquen a los barrios y promuevan estas prácticas.

Sesionar en los barrios representa no sólo una cercanía mayor con el vecindario, es además una acción de transparencia, abrir literalmente las puertas del Municipio y mostrar a los vecinos de qué manera se trabaja, qué es lo que se propone, de qué forma se discute, cómo se alcanzan los acuerdos o de qué manera se administran los disensos. Eso es educar para la participación ciudadana.

El grado de desarrollo humano y de las comunidades cada vez está más ligado con los niveles de participación ciudadana que nuestras autoridades logren promover en su accionar.

Por eso es necesario que la descentralización no se observe únicamente como un proceso para que la dirigencia política local alcance puestos de decisión a través de los Municipios, es una oportunidad para romper la estructura neoliberal que ubica a la persona apartada de la cosa pública y la lleva al individualismo, para ser un ser activo y participante, sabedor de sus deberes, pero también de sus derechos.

Ojalá que lo del martes pasado haya sido sólo un desliz producto de la inexperiencia de algunos de nuestros concejales y cuando se levante el receso a mediados de enero próximo, el tema se reconsidere y se eche marcha atrás en esta decisión. De ser así destacaremos la valentía de quienes asumen el error, de lo contrario estaremos ante un triste episodio que denota el desconocimiento de algunas de nuestras autoridades sobre el lugar que ocupan.








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