​¿Iguales...?

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¡Qué vamos a ser iguales los varones y las mujeres! Ellas aportan un esplendoroso "X" mientras nosotros apenitas un esmirriado "Y" que sólo sirve para señalar el sexo.

Ellas ofrecen un radiante óvulo y nosotros tan sólo un cardúmen de nerviosos renacuajos para que uno solo sea útil para algo. Ellas germinan vida y alimentan con su sangre el desarrollo de los complejos aparatos y sistemas para el humanito o la humanita que allí crece.

Entre tanto, nosotros nos pasamos nueve meses tratando de ayudar sin saber cómo, o impotentes al no ser protagonistas por lo mismo. Ellas paren con toda su fuerza y sueltan cataratas de alegría al sentir el nacimiento, al tiempo que nosotros contenemos el impulso porque nos mintieron que "los hombres no lloran" y ocultamos la ternura por pudor o por temor.

Tras nueve meses de alimentar con su sangre, ellas siguen amamantando con su leche, mientras nosotros nos contentamos con bañar o cambiarle pañales a la vida. Y si eligen, o no pueden, procrear una gestación dentro suyo, lo hacen, con todo lo que respira y late allí afuera. No es indispensable ser madre para ser mujer. Pero sólo las mujeres pueden ser madres.

Hay madres del corazón que entregan tanto, o más, que las madres de útero. Se desviven por sus crías cuando precisan de su mano. Se desmueren por ellas y ellos cuando aprenden a volar. Las mujeres tienen un cerebro capaz de volver sencillas y concretas nuestras complicadas abstracciones. Ellas logran prestar atención a cuatro cosas a la vez, al tiempo que nosotros balbuceamos confundidos cuando nos ponen en dos frentes de respuesta simultáneos. Ellas se muerden por dentro pero aguantan el dolor y se recuperan en resilientes armaduras.

Nosotros no soportamos que nos dejen, no sabemos manejar la frustración y golpeamos o matamos por cobardes y egoístas si es que ella elige a otro. Ellas nos han aguantado siglos de soberbia y nosotros apenas estamos empezando a darnos cuenta y algunos a hacernos cargo de nuestro machismo patriarcal.

Por suerte, o por conquista, las nuevas generaciones abren rendijas de esperanza. No...no...¡qué vamos a ser iguales las mujeres y los hombres!. Ojalá aprendamos de ellas a compartir nuestras ideas y complementar nuestras tareas. Ojalá aprendamos de ellas a pensar profundamente sin temor a expresar lo que sentimos. Ojalá aprendamos de ellas la firmeza que, como dijo el Che, jamás debe perder la ternura que la impregna.


Jorge Mota. Pediatra. Ex Director Departamental de Salud de Colonia

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