Aquellas navidades

|


Cuando el sargento le martilló una escopeta “pajera” en la panza a un pibe de 18 años, en San José tuvimos suerte. Quizá porque los muchachos mantuvieron una relativa calma frente al nerviosismo inexplicable de los agentes del orden. ¿Te acordás de las escopetas de caño cortito que manejaba la policía en aquellos años? Así, de cerquita, si se le escapa un tiro lo parte al medio.Fue muy temprano en la mañana,un 25 de diciembre. Sábado.

- Tenía erizado el bigote y la cara roja… estaría en pedo, no sé.

Me contó uno de los protagonistas de esta historia pueblerina. Recordaba a un sargento, famoso botón,dicen que de siniestra historia 15 años antes.

Bailar en la calle, tirar fuegos artificiales, tomar cerveza, unas cuantas cervezas, era cosa común en los fines de año del pasado milenio. Un festejo familiero. En este caso, los hijos de una empresaria conocida, abrieron el garaje de la casa;uno de la barra que tenía discoteca instaló unos parlantes a la calle y armaron la tal fiesta. Nacieron para organizar fiestas estos jóvenes y se bailó largo y tendido hasta el amanecer. Como corresponde. Estaban las hijas de un funcionario judicial muy conocido, el hijo de un jerarca de la Intendencia…

- Pleno centro che, éramos gente bien. Bueno, hijos de gente bien.

Parece que una vecina a la que no dejaron pegar un ojo en toda la noche, hizo la denuncia y le dio color a la historia que ya de por sí lo tuvo y bastante.

No me supieron precisar a qué hora pasó el camión de los bomberos metiendo sirena y con la gente colgada de la escalera.

- No se cómo no se cayó ninguno. Pararon a tomarse alguna con nosotros, bailaron un poco y siguieron su recorrida…

Los milicos llegaron ya calientes, era Navidad ¿se entiende? Pararon la música de mal modo, hubo algún empujón y procedieron a tratar de cargar a los protagonistas en el auto policial. A uno lo estaban ahorcando para subirlo, otros querían “explicar” que no pasaba nada. En ese marco fue que se salieron las cosas de cauce.

- Abracé al milico porque lo tenía agarrado del pescuezo mal.

No hubo empujón y menos golpe. Ese joven de manos grandes y espaldas anchas, si te da una trompada, seguro que te deja la marca. Y marcas no había. Lo agarró al agente porque estaba asfixiando a su amigo dentro del patrullero.

- Yo dije: Dejáme, que subo solo. Y me encontré con ese panorama. No le pegué, ¿lo agarré?Sí. Me lo abracé con ganas.

Fue en ese momento que se pudrió todo. Comenzaron los gritos, la confusión, los empujones. Y el sargento le gatilló la pajera en la barriga… Pudo ser una tragedia. Si alguien lo empuja, si lo tocan al sargento…

Fue en ese momento que le pegaron la piña al vidrio del coche policial.

- Supongo que de bronca y para no pegarle a uno de los milicos.

Cuando se rompe el vidrio se produce el desbande y marchan con alguno a la comisaría.

- Estaba relativamente tranquilo. Mucha cerveza sí, pero tranqui. Después en la jefatura me enloquecieron, por eso cuando salí te dije que no sabía si había sido yo que rompió el vidrio o si hubo alguna trompada. Me presionaron con que había sido yo y me confundieron. No sabía ni dónde estaba.

Las horas de espera también fueron complicadas para los padres. El detenido estaba incomunicado y tendría que esperar al juez. 25 de diciembre, sábado, en el poder judicial no había nadie. Costó bastante lograr que no los dejaran encerrados hasta el lunes. Cuando el médico policial salió, luego de revisar al detenido, le preguntaron si el muchacho tenía muy lastimada la mano. Una piña contra un vidrio puede ser brava.

- No tranquilo. No tiene casi nada. Un golpe, nomás.

Pasado el mediodía, los protagonistas no recuerdan la hora, al principal sospechoso lo llevaron al juzgado. Le tomaron declaración y lo soltaron sin muchas explicaciones. Tampoco comentarios ni disculpas. A esa hora estaba claro lo que había pasado.

El padre le dio un abrazo y le miró la mano. Nada. No tenía marca alguna.

- ¡Vos no fuiste!

- ¡No se papá! Me quiero ir a casa a dormir. No sé lo que pasó.

Pero después, con el paso de las horas se supo. En la desbandada, el hijo de una muy buena familia blanca y demócrata, que trompeó el vidrió, logró zafar. Fue al sanatorio donde le curaron la mano lastimada y cuando se enteró que a su amigo, hijo de una conocidafamilia de izquierda, le querían colgar el muerto, fue con su padre paraaclarar las cosas.

- Un caballero el tipo. Acompañó al hijo quese confesó responsable, para que no se la agarraran conmigo. Y él era un VIP en el pueblo.

A partir de allí se le bajó el tono al asunto. La queja de una vecina gruñona, el desembarco y los malos modales (¿violencia?) de la policía, el vidrio roto.

- No pasa nada muchachos. La próxima, corten antes el baile y bajen un poco la música por favor.

Un recuerdo más de tantos. Para el pueblo un cague de risa. Para la familia que venía recuperándose de pasarla mal por años, fue una advertencia clara. Hay hijos y entenados. Si se rompe algo el hijo de ‘zurdos’ es ‘bocatto di cardinale’. Lo había sido y lo seguía siendo en 1993.

Puede que con la nueva normalidad volvamos al pasado. Si no tenemos el buen tino de construir algo nuevo, distinto, mejor.

Si no saco mal las cuentas, fue en 1993. Noche buena y Navidad de 1993. Seguro que más de un testigo vivo, que los hay y andan por allí, cerquita nomás, puede agregar algún detalle más. O desmentirme si la memoria me está fallando con los años.

David Rabinovich, San José, julio de 2020

Sin comentarios

Escribe tu comentario




No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes. Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.