​Cicatrices

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Por Jorge Mota. Médico. Ex Director Departamental de Salud de Colonia



Algunas son la huella imborrable de un instante de dolor. Otras muerden la orgullosa señal de una batalla contra lo imposible. Cicatrices emergen recordando heridas, cirugías o traumatismos. Cicatrices las hay de piel, de vísceras y también, duelen ocultas cicatrices preñadas de emociones.

Las cicatrices nombran pedazos trascendentes de nuestra huella en este mundo y son parte fiel de lo que somos. Pero existe una cicatriz que en cada humanito y humanita habita y es la marca del amor sin atenuantes.

Ella recuerda que por allí, alguna vez, alguien nos entregó su sangre, sus nutrientes, su aire, su temperatura, su ilusión. Y todo eso nos lo dio para ayudarnos a crecer, sin pedir absolutamente nada a cambio. El ombligo es la memoria del cuidado original de nuestra madre. Ese que luego se continuó con su leche y con sus mimos. Con sus firmes límites cuando los precisamos. Con su calmada caricia en nuestros vértigos. Con su abrazo salvavidas de cualquier naufragio.

Nadie queda afuera: negros, blancos, amarillos, cristianos, agnósticos y musulmanes, privilegiados del sistema y vulnerados por el mismo; todos y todas tenemos en común la preciosa cicatriz en nuestra panza. Esa que, también ella, nuestra madre luce, porque alguna vez fue su mamá quien la cuidó y a ella su abuela y antes su bisabuela y...

Mujeres...Siempre Mujeres preñando de latidos la esperanza. Mujeres que los varones, cargados de machistas mochilas, demasiado a menudo violentamos, menospreciamos y hasta matamos por la mera diferencia de género. Mujeres que aún reclaman que estos varones que somos nos hagamos cargo de nuestra responsabilidad y nos sumemos al combate a la violencia basada en género. Mujeres para andar juntos descubriendo que, como nos marca el poeta, "en la calle, codo a codo, somos mucho más que dos".

Mujeres musicando en los cantares del silencio, recordando siempre, siempre, que hay madres de vientre, pero también existen, laten abrazan, las madres de la vida, las que acompañan cada paso con lo mejor que habita en su cuidado, en sus mimos y en su corazón...

Ella recuerda que por allí, alguna vez, alguien nos entregó su sangre, sus nutrientes, su aire, su temperatura, su ilusión. Y todo eso nos lo dio para ayudarnos a crecer, sin pedir absolutamente nada a cambio.


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