​Balotaje

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Ya no hay más tiempo. Mañana será el momento en que los uruguayos decidiremos el futuro del país para los próximos cinco años. El momento en que ensobremos el voto, se irá la decisión de si habrá un cuarto gobierno del Frente Amplio sin mayoría parlamentaria, o será el turno del candidato nacionalista que necesitará de colorados y sectores de ultraderecha para gobernar.

Los resultados de la primera vuelta electoral representaron “un tirón de orejas” para el partido gobernante, que en caso de mantener el gobierno no contará con las mayorías legislativas con las que ha gobernado hasta ahora. En la vereda de enfrente los resultados del 27 de octubre pasado fueron la primera señal del proceso de cambio que la mayoría de la ciudadanía ratificaría mañana. Se trataría de la “alternancia en el poder”, como se la catalogó.

La campaña electoral mostró que no estamos solo ante un recambio de Jefe de Estado, sino que la elección de mañana lleva implícita una reorientación del rumbo económico y social del país. La insatisfacción con el oficialismo ha impregnando en muchas capas de la población, a tal punto de nublar los logros de su administración.

La “inseguridad” se coló como en combinado de piedra de esta campaña y lo que hace un año atrás los jerarcas del gobierno consideraban sería un tema que no movería la aguja electoral, es hoy una de las variables de peso a la hora de votar. A tal punto que los problemas económicos y sociales del vecindario como lo ocurrido en Argentina, Brasil y Chile, parece no conmover a la opinión pública como señales de riesgo.

El resentimiento en contra del Frente Amplio, tiene como una de sus fuentes la necesidad de dar lugar a una alternancia. Ello se ha expuesto como un factor de considerable peso para la decisión que tomaremos en las próximas horas, como si se tratara de una regla inevitable, cuando en el mundo entero hay ejemplos que muestran lo contrario, como es el caso de la derechista Ángela Merkel, canciller de Alemania desde el 22 de noviembre del 2005 y que probablemente culmine, si no es reelecta, en el 2021, cumpliendo 16 años de ejercicio continuado del poder.

La insatisfacción con el oficialismo luego de quince años de gobierno parece inevitable. Los problemas de su gestión, como las asignaturas pendientes, tienen un correlato en los pasos dados en la construcción de una sociedad más justa.

Y en esa disyuntiva se encontrará el elector. En reconocer lo bueno hecho hasta ahora o depositar en otros gobernantes los destinos del país. 

Por lo tanto la de mañana no será una elección más. Hay, como hace veinte años atrás, una cruz en el camino, donde el pueblo uruguayo deberá optar qué dirección tomar. Las opciones están claras, llegó la hora de decidir qué país queremos para los próximos cinco años. 

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