​“Manca finezza”

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La expresión ‘manca finezza’, de clara estirpe italiana, supone algo más sutil que falta de finura y significa más bien ausencia de toque, de estilo, de sutileza; una forma algo grosera y simplona de entender las relaciones. En particular las políticas. A la política uruguaya le falta - para mi gusto claro – sabor, color y aromas más sutiles. ¿Un toque de ironía? ¿Algo más de tolerancia sincera y menos sobre actuación del libreto? ¡Qué sé yo! "Si un hombre se deja tentar por un asesinato, poco después piensa que el robo no tiene importancia; del robo pasa a la bebida y a no respetar los sábados, y de esto pasa a la negligencia de los modales y al abandono de sus deberes", dice una famosa cita de Thomas de Quince. Al humor inglés le desborda la ‘finezza’.

El Washington Post publicó un nuevo estudio que revela el punto alcanzado por la concentración de la riqueza en los Estados Unidos. Desde los años 20 no se alcanzaba esos niveles de desigualdad y la riqueza ha crecido de manera formidable. La Democracia del Norte está en similar situación que hace 100 años si de ricos y pobres estamos hablando. Los 400 estadounidenses más ricos (que representan tan sólo el 0,00025 de la población adulta) poseen tanta riqueza nacional como los 150 millones menos pudientes (60% de la población adulta). Esos 400 afortunados triplicaron lo que tenían en los años 80.

Para solucionar los muchos y graves problemas que tiene la sociedad estadounidense, el gobierno de Trump acudió a una conocida receta: bajarle la carga fiscal a ‘los inversores’. ¡Qué los ricos paguen menos!

Sin embargo, en el corazón del imperio, hay millonarios que proponen subir los impuestos al 1% más rico, porque pagan la mitad en tasas locales y estatales que el 20% de los hogares más pobres de EEUU. “Puedes pensar que somos radicales, pero no somos comunistas. Somos gente que ha tenido éxito en el sistema capitalista. El capitalismo es un excelente sistema, pero no es un sistema perfecto” argumentan.

Para Pérez Companc: “Gane quien gane no va a cambiar mucho el país ni sus políticas”. Se refiere a la realidad argentina, pero es lo que suelen pensar ‘los empresarios’ y se aseguran que así ocurra usando todo el poder que detentan.

La sociedad produce más bienes y servicios gracias a la revolución tecnológica y al avance de conocimientos. Pero en lugar de aumentar el ocio de los trabajadores, la mayor productividad se dirigió a incrementar el beneficio de los dueños del capital. El colapso financiero de 2008 y la consecuente recesión no hicieron más que empeorar las cosas. En la actualidad, en vez de relajarse y disfrutar la vida, la mayoría de la gente trabaja más, en un intento desesperado por aferrarse a su empleo, o trabaja menos de lo que necesita para sostenerse. La sociedad descarnadamente desigual, tan temida por Stern y otros futuristas del ingreso básico, no surge por la mera llegada de los robots: surge porque apenas unas pocas personas son sus propietarios

“A pesar del incremento sin precedentes de la opulencia global, el mundo contemporáneo niega libertades elementales a enormes cantidades de personas, si no es que a la mayoría. Unas veces la falta de libertades reales se relaciona directamente con la pobreza económica, que priva a la gente de la libertad de satisfacer el hambre, alcanzar una nutrición adecuada, obtener remedios para enfermedades curables, contar con techo y abrigo, agua limpia e instalaciones sanitarias. En otros casos esta ausencia de libertad se une estrechamente a la falta de servicios públicos y asistencia social, tales como la inexistencia de programas epidemiológicos, medidas organizadas para el cuidado de la salud, instalaciones educativas, instituciones efectivas en la preservación de la paz y el orden locales.” Amartya Sen en Desarrollo y Libertad (2000)

¿Cómo se puede hacer política en un país donde los mercados tienen las riendas, donde cada una de sus movidas afecta la vida de todo el país? Es un dilema al que se enfrentan los pueblos donde gobiernan los llamados neoliberales, fundamentalistas de las libertades de los mercados, para quienes usar al estado como ‘escudo de los débiles’, es tan inaceptable como soñar con una patria donde ‘naides sea más que naides’.

En Argentina, el lunes después de las PASO, el Ministro de Economía Nicolás Dujovne ganó 27 millones de pesos. La ganancia (netamente financiera) fue producto de la valorización cambiaría de los 25 millones de dólares que el ministro posee – declarados-, en el exterior.

Hay una incompatibilidad básica entre democracia y desigualdad que parece más en vías de agudizarse que de resolverse y que convierte, muchas veces, a la política en un ejercicio de ficción. En economías más consolidadas como la uruguaya la política puede recuperar -con tímida prudencia- al menos parte de sus fueros. Pero se vienen las elecciones. En este momento, lo que los mercados y los medios afines hacen es marcar la cancha. Terminar con la sucesión de gobiernos frenteamplistas pretende abrir una etapa nueva, cuyas características y consecuencias, tantas veces negadas vemos en Brasil, Ecuador o Argentina. Darle otra oportunidad a la izquierda progresista entraña las posibilidades de construir sobre nuevos cimientos, profundizar los cambios en el sentido de solidaridad, justicia, igualdad… Hay que pelear por lo que es justo.

Es bueno recordar que en Uruguay el PIB había descendido de 22.371 millones de dólares, al 31 de diciembre de 1998, a 12.400 millones de dólares, a diciembre de 2002, y que caería a 10.100 millones de dólares a fin de 2003. Vino la recuperación, tímida y tembleque al principio que se transformó en crecimiento y distribución en la ‘década dorada’. En un mundo en crisis, en medio de la peor guerra comercial que se recuerde, el PBI uruguayo anda por los 60 mil millones de dólares. Recursos no faltan. Distribuirlos con justicia depende tanto de la ‘voluntad política’ del próximo gobierno como del respaldo organizado y consciente de vastos sectores de la sociedad para políticas más ‘radicales’.

En octubre y noviembre se decide de qué signo será el gobierno y qué respaldo parlamentario tendrá. Como siempre, el pueblo, pueblo está en la calle… Protagonista o manso rebaño. Eso se decide en un par de domingos y en todos los otros días de las semanas, los meses y los años que nos aguardan.


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