Rodó gritó fuerte: “Que nos digan dónde están”

|

Marcha del Silencio 2



La Marcha del Silencio en la localidad de José Enrique Rodó, volvió a hacer este año el encuentro de un grupo de medio centenar de personas que desde hace cinco años se sumaron a la movilización nacional en reclamo de paz y justicia por los desparecidos durante la dictadura cívico militar.

La desaparición de un hijo de ese pueblo (Lujan Sosa Valdez), movilizó a su madre y hermanos para que Rodó también tuviera una marcha a través de la cual se sumaran voces reclamando conocer el paradero de los desaparecidos.

Desde entonces cada 20 de mayo, como en todo el país (este año la movilización local se hizo el sábado pasado dada la lluvia del lunes anterior que impidió su realización), en las calles de Rodó  se camina pausado y en silencio hasta llegar al domicilio de la familia Sosa Valdez.

En ese lugar, donde la madre de Lujan (Chela), sigue aguardando por conocer el destino de su hijo, el silencio se abrió paso para que el docente y concejal del Municipio de Cardona, Pablo Ponce, a pedido de los organizadores de la marcha, reflexionara sobre la necesidad de conocer la verdad.

Particularidades

La marcha de este año tiene particularidades que la hacen diferente a las anteriores, dijo Ponce. La ausencia de Luisa Cuesta, militante de los derechos humanos fallecida el año pasado, es uno de ellos. “Lástima no pudimos hacer nada para que ella pudiera tener ese abrazo acá, en el lugar donde lo perdió (a su hijo). Quizás tengamos que hacer un mea culpa por no haber hecho lo suficiente”, reflexionó.

Otra particularidad de la Marcha tiene que ver con que la misma se hace pocas semanas después de que José Nino Gavazzo reconociera en una nota de prensa la forma de proceder de los militares durante la dictadura.

Si bien desde siempre sabíamos todo lo que se ha hecho en cuanto a la violaciones de los derechos humanos, hemos quedado perplejos viendo como con tal impunidad uno de los autores materiales de las violaciones, en una prisión domiciliaria tuvo la osadía de mostrar a los medios de prensa con una sonrisa casi satánica, como un trofeo de guerra el accionar de lo que hizo”, señaló Ponce.

Y “más perplejo quedamos cuando vemos que determinadas manos no se levantan en los lugares que se tienen que levantar para poder lograr que la impunidad se acabe”, dijo en relación al impedimento que los Senadores de la oposición dieron al pedido del Poder Ejecutivo para el pase a retiro obligatorio de cuatro generales. 

Marcha del Silencio 1


“Todas las muertes duelen, pero de un bando hubo desaparecidos”

En su exposición el docente de historia y concejal, recordó que lo sucedido en las décadas del 60 y 70 “no ocurrió solo en Uruguay. Muchos se centran en que la dictadura y la guerrilla era solamente en nuestro país y  o es así, fue  en toda América, era parte de un plan imperialista que venía desde EEUU”.

Nos encontramos con comentarios como “algo habrán hecho” o “si no hubieran existido los tupamaros no habría dictadura”, incluso se dice que nos preocupamos por los muertos de antes y no los de ahora. Nos preocupamos por todos, todas las muertes duelen, pero más duelen las muertes injustas”.

Para Ponce hay que tener en cuenta que en ese estado de conflicto que existía en el país, “si ponemos en un platillo de la balanza un bando y en el siguiente platillo el otro bando, nos encontramos que hubo muerte de los dos lados y ambas fueron injustas, pero hay una diferencia, hubo desaparecidos y estos fueron de un solo lado y eso es lo que hace que la balanza se incline más y la herida sea mayor” en los familiares de los desaparecidos.

Es bueno consideró Ponce que “en pueblos del interior del interior como es Rodó, junto a un puñado de orientales que nos indigna la injustica, hablar de esas heridas. Imagínense el dolor que provoca una herida abierta en el cuerpo, para dimensionar el dolor que provoca una herida abierta en el alma. El dolor que debe ser para una madre vivir con ese dolor, con esa herida abierta. Como es el caso de la madre de Luján y de sus hermanos”, subrayó.

Yo miro a la mamá de Luján y pienso lo que debe ser la prolongación del dolor que viene desde las entrañas. Una cosa es el dolor que no se puede superar nunca pero se sabe dónde está la persona querida que se fue, pero otra cosa es tener ese dolor desde hace más de cuarenta años, sin saber dónde está el hijo o familiar”.  

Sin rencor

Ellos piden justicia, pero presten atención en algo, no tienen rencor. La mamá y los hermanos de Luján sepan de nuestra admiración y respeto por su lucha, por su vida tan digna que a pesar del dolor pueden vivir sin rencor”, destacó el docente.

Si una sociedad no se sana no puede seguir adelante. Ese es el compromiso que hay que transmitir. Cuando dicen que el pasado no importa digamos que si, importa porque es necesario construir la memoria colectiva que es la suma de todas las memorias individuales. Hay que contar lo que pasó para que no vuelva a suceder, para que haya justicia y el nunca más se convierta en una realidad y aprendamos del error. Para que aparezcan vivos o muertos cada uno de los desaparecidos que tiene nuestra sociedad, será la única manera que las heridas del alma realmente se cierren”.

En esta marcha del silencio, en este pueblo del interior del interior, donde nadie habla, yo los invito a romper el silencio y gritemos muy fuerte: que nos digan dónde están”, finalizó. 

Sin comentarios

Escribe tu comentario




No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes. Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.