​De la complicidad no se vuelve

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Tengo la convicción de que hay lugares desde donde es muy difícil volver; hay ciertos límites que -si uno los supera- provocan el efecto de crear una especie de gran muro detrás: si en algún momento querés regresar, te encontrás con que ya no es posible.

Hace unas semanas atrás el Presidente de la República envió al Parlamento las venias de destitución de cuatro generales del Ejército. El motivo fue haber integrado un Tribunal de Honor ante el cual declararon un grupo de delincuentes que confesaron delitos terribles, sin que ninguna de esas confesiones haya siquiera ameritado una amonestación. Los delincuentes son José Gavazzo (alias Nino) y Jorge Silveira (alias Pajarito). Estos dos ex militares confesaron ante el Tribunal de Honor haber sido los responsables de la muerte y desaparición de Roberto Gomensoro, meses antes del golpe de estado. Gomensoro fue asesinado por estos delincuentes luego de torturarlo salvajemente y el propio Gavazzo confiesa haberlo tirado al agua atado y con mucho peso, de forma que el cuerpo no volviera a la superficie. Además Silveira confiesa ser responsable de la desaparición de Claudia García de Gelman.

Los generales Claudio Romano, Carlos Sequeira, Alejandro Salaberry y Gustavo Fajardo –los cuatro integrantes del mencionado Tribunal- escucharon las confesiones y no encontraron motivo para sancionar a sus dos compañeros de armas, los delincuentes Gavazzo y Silveira. Obvio que esto muestra que las más altas jerarquías del Ejército siguen manteniendo la práctica mafiosa de no traicionar a sus pares y piensan que pueden seguir ocultando crímenes aberrantes, bajo la absurda y esquizofrénica creencia de que asesinaron gente encapuchada y atada a una silla, porque estaban salvando la Patria.

El miércoles en el Parlamento, los senadores blancos y colorados –una vez más- pusieron pequeños intereses electorales antes que la decencia. La mayoría de 18 votos que se necesitaba, no se alcanzó, porque solo estuvieron levantadas las manos de los senadores del Frente Amplio. Hasta ahora blancos y colorados habían mostrado siempre mucho temor hacia los militares, tratando de no molestarlos, no tocarles las jubilaciones de privilegio, nunca llevarlos a declarar a un Juzgado en los 20 años que gobernaron, guardar las citaciones de la Justicia en una caja fuerte (como hizo Sanguinetti). Nunca hicieron nada que les molestara, con la idea de que teníamos que olvidar esos crímenes y dejar que esa banda criminal siguiera caminando con libertad por las calles. Siempre –blancos y colorados- trataron de hacerles a los militares la vida más fácil, sin pedirles cuentas de ninguno de los crímenes cometidos. Pero esto supera lo anterior; ya no hablamos de temor, ahora hablamos de complicidad con criminales. Hay lugares de donde no se vuelve.

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