​GRITAN EN LA PULPERÍA, SE CALLAN EN LA COMISARÍA

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¿Cómo se financian los partidos políticos? Esa es una pregunta que todos nos hemos hecho siempre y existen motivos para pensar que hay que legislar sobre los orígenes de ese dinero y las cantidades que se reciben. Piense -estimado lector- que si una empresa muy importante financia la campaña electoral de un candidato con millones de dólares, esa empresa luego le va a pedir favores cuando el candidato haya ganado. Es decir: quien poner mucho dinero, luego tiene exigencias. Y así es como ha ocurrido -en Uruguay y en otros países- que algunas empresas o grupos empresariales recibían tratos preferenciales por haber colaborado con campañas políticas. De allí surge la necesidad de regular y darle transparencia a la forma en que se financian los partidos políticos y en especial las campañas electorales.

Hasta allí parece que estamos todos de acuerdo. Durante mucho tiempo se discutió en el Parlamento Nacional un proyecto de Ley para lograr esta transparencia, se acordaron modificaciones y finalmente llegó el momento de votarla. Durante años estuvimos escuchando a los representantes de todos los partidos políticos hablar de la necesidad de votar esta Ley para lograr finalmente darle cristalinidad al ingreso de dinero en las campañas electorales. ¿Qué ocurrió entonces? Que ninguno de los representantes de la oposición se hizo presente en el recinto y entonces no hubo número para votar. Todo el cacareo de años pidiendo transparencia y hablando de ética, se disolvió en un ratito: ni blancos ni colorados (eso no debería extrañarnos), pero tampoco el Partido Independiente, ni la seudo izquierda de Unidad Popular; justo es decir que uno de los diputados del Frente (Darío Pérez) se sumó a la oposición en este tema.

Entiendo que al no votar esta Ley se ayuda a desprestigiar la política un poco más y se aumenta el poder de los que -con su dinero- distorsionan los procesos democráticos. Me da la impresión de que el discurso de la ética de los blancos y colorados se les va al diablo cuando les tocan la alcancía. ¿Quiénes ganan al no votarse esta Ley? Ganan los canales privados de televisión (4, 10 y 12) que podrán seguir cobrando tarifas diferenciadas a los candidatos, según de qué partido sean, ganan las empresas interesadas en influir en los resultados electorales, ganan los políticos que tienen vínculos con empresas, ganan los millonarios que incursionan en la política y que ahora nadie les va a pedir explicaciones sobre el origen del dinero.

Teniendo en cuenta que en nuestro Parlamento hay un diputado financiado por Sanabria, un candidato multimillonario que ni siquiera vive acá, una senadora financiada por la Iglesia Evangélica y un partido cuyo dueño es un empresario millonario, parecía bastante obvio que esta Ley de transparencia no iba a tener los votos. Llama la atención que colaboren con este encubrimiento otros partidos menores, de esos que gritan en la pulpería y se callan en la comisaría, como el Independiente o Unidad Popular. El Frente Amplio quiso transparentar el origen de los fondos de la campaña electoral y la otra mitad del Parlamento no quiso. Por algo será.


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