​Huele feo

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El discurso vacío. El diputado ‘wilsonista’, Jorge Gandini, demandó darles “protección a los buenos ciudadanos”. En ese sentido dijo que “Hay que cuidar la vida, la propiedad, la dignidad y el honor de los buenos ciudadanos que pagan impuestos y tienen tantos derechos humanos como otros”.

¿Cómo se entiende semejante enunciado? ¿La característica esencial de los buenos ciudadanos es pagar sus impuestos? ¿Todos sus impuestos o con pagar alguno, aunque se eluda otros, es suficiente? ¿Es condición para tener derechos como ser humano ser buen ciudadano y/o pagar impuestos? En fin, no termino de entender qué tiene que ver con ser buen ciudadano el pago de impuestos y por qué resulta necesario reivindicar la vigencia de los derechos humanos “también” para los buenos ciudadanos que pagan impuestos. Hay quienes piensan que los derechos humanos se caracterizan precisamente por su alcance universal: son iguales para todos los seres humanos, por el hecho de serlo y sin restricciones ni condicionamientos.

Por su parte la Presidenta del Honorable Directorio del Partido Nacional, Beatriz Argimón, dijo en San José que las denuncias contra sus correligionarios, el ex Presidente de la Junta, Nelson Petre, y el ex Secretario General, Alexis Bonahón, llegaron a la Comisión de ética del PN. El tema fue analizado pero, como la Justicia en primera instancia lo archivó, los blancos lo dejaron “en carpeta”. ‘Stand-by’ dijo que estaba. Sabemos que el 29 de setiembre, la jueza, Dra. Gladys Sena, descartó la solicitud de la Fiscalía de procesar sin prisión a Petre y Bonahón por abuso de funciones en el manejo de la plata de la Junta Departamental en los años 2013 y 2014. La Fiscal Dra. René Primicieri anunció su voluntad de apelar el fallo y a la semana siguiente procedió en consecuencia. La justicia, ya se sabe, toma con calma estas cosas. Aunque una cosa son bagres y otra las tarariras. Los jueces y fiscales se ocupan de ilícitos o sea conductas que la ley tipifica como prohibidas y punibles. Las comisiones de ética cuestionan otros aspectos de la conducta, -los que pueden ser o no delitos- pero están reñidos con los principios que rigen una actividad o colectividad. Incluso hay infracciones menores, que son ‘faltas’ pero no rozan la ética de las personas. Un político que cruza con la roja es imprudente, torpe o estúpido… pero nadie lo tacharía por eso de corrupto. No es ilegal acomodar a la familia, los amigos y correligionarios en cargos públicos. Pero eso pasa y se considera éticamente reprochable. El mal manejo de los dineros públicos, depende quién se beneficie, puede no ser delito; pero de lo que no cabe duda es que cada vez más hay un nivel de intolerancia muy alto. La derecha, los blancos en particular, intentan –olvidando tenazmente su propia historia- poner muy alta la vara de la ética. Prestos a condenar con dureza actitudes ajenas se muestran condescendientes con los deslices propios. Los ejemplos abundan. Es por eso que la política se desprestigia. Es también un problema de estética. Mientras que en algunas tiendas y oportunidades las faltas a la ética suelen tener consecuencias, en otras, ‘no pasa naranja’.

Corrupción ‘lisa y llana’, ética y estética. Para que haya corrupción ‘lisa y llana’ es necesaria la presencia de algún beneficio indebido que alguien obtiene para sí mismo o para un tercero/a. Si no existe una ley que tipifique y sancione, aunque haya ‘corrupción’ la justicia no tiene nada que decir. Tengo una amiga que argumenta: “lo que me gusta hace mal, engorda, es pecado o está mal visto”. Por disfrutar de lo que le gusta no la van a llevar presa. Ella dice que las vecinas vichan desde las ventanas y después circulan los comentarios en el WhatsApp del barrio. Es un problema ético de ella o de las vecinas chismosas (no lo tengo claro). De todas maneras eso es también una suerte de corrupción estética. A veces la vida que llevamos es impresentable.

Con algunos políticos pasa eso: meten la mano en la lata y son corruptos, lisa y llanamente: ‘corruptos’. Otros se dejan llevar por las tentaciones del nepotismo, el amiguismo, el clientelismo… que son todos ‘ismos’ malos y éticamente indefendibles. La corrupción de la ética se puede sobrellevar con un cierto estilo y hasta con sobriedad y decoro. Pero hay quienes en su rústica simpleza, o en su alambicada sofistificación dejan traslucir su corrupción estética. Son los impresentables de la sociedad y la política.

Para bailar el tango. Dicen que ‘si uno no quiere dos no pueden’ y debería ser cierto. Merece ser así. Entonces los acomodos chicos de la politiquería barata deberían ser motivo de sanción social, lejos de eso se los ve como parte de la ‘viveza criolla’. No en vano decía un coterráneo “¿A mí? Que no me dean. ¡Que me pongan donde aiga, nomás!”

¿A qué viene esta parrafada? Pasa que en materia de corrupción, de corrupción en serio, de la gran corrupción… Sí de esas coimas millonarias que suelen aparecer en grandes obras o en importantes ‘privatizaciones’ estoy hablando. De esa plata grande que va derechito a los paraísos fiscales. En esos casos que afectan de forma tan grave la economía de los países y la vida de sus pueblos, están los corruptos (políticos) que firman y cobran por firmar y los que pagan (empresarios) y se benefician con la transa. Una parte fundamental de la corrupción es la de empresarios, inversores y profesionales solícitos. Cuanto más grandes peor. De ellos se habla menos. Muy poco.

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