​Un amigo re fashion, pero muy incómodo

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Yo no sé si ustedes se habrán dado cuenta de que los principales referentes del Partido Nacional y del Colorado, desde hace unos meses que han ido perdiendo el entusiasmo por quien era uno de sus principales ídolos: el presidente argentino Mauricio Macri. Se sacaban fotos con él, lo escuchaban con una admiración digna de mejor causa, nos hacían saber que allí estaba el modelo a seguir.

Todos escuchamos durante 2016 y 2017 que los senadores Lacalle Pou y Bordaberry se deshacían en elogios hacia el empresario presidente argentino, alabando su modelo económico empresarial y tal vez envidiando un poco esos cabellos cuidadosamente despeinados, los buzos Polo de colores azules, el Blackberry en el bolsillo interior del saco Rochas Paris y sus lustrosos zapatos italianos, todo coronado con esa forma de hablar tan paqueta. Porque resulta que ya en los primeros meses de este año se le empezó a ver la hilacha al vestido y el discursito de que “juntos podemos” no pudo ocultar más que se han sumado miles de pobres, que los despidos están generando una situación social cada día más compleja y que el financiamiento de la campaña comenzó a oler a corrupción, porque aparecieron los nombres de cientos de indigentes como si fueran aportantes a la campaña del presidente. Agreguemos las implicancias del señor presidente argentino en los PanamaPapers y la falta de respuesta a los familiares de los 44 desaparecidos del Aras San Juan. La inflación se le disparó a Mauricio y su vieja y repetida promesa de que no acudiría jamás al Fondo Monetario, es una de las tantas que se fue al diablo: 50 mil millones de dólares de un préstamo que van a pagar los trabajadores mientras que los que siempre ganan van a volver a ganar. Nada nuevo porque es lo que ya habían hecho Menem y De La Rúa allá y Lacalle y Batlle acá.

Solo digo que Lacalle Pou y Bordaberry, que tanta foto se sacaron con Macri, que tanto elogiaron su estilo y admiraron su discurso vacío, insulso e irresponsable, ahora se olvidaron de su amiguito Mauricio, exquisito bailarín de cumbias repopulares, eximio cantante que gobierna para sí mismo y para su selecto grupo de distinguidos chicos de la Recoleta. Qué fea la actitud de nuestros senadores blancos y colorados, olvidándose de los amigos cuando están en la mala. Tal vez nuestros dos senadores ex admiradores de Macri deberán orientar sus rezos a otros dioses. La próxima vez, elijan mejor muchachos.

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