Municipio y desarrollo democrático

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La creación de los Municipios en diferentes puntos del país, ha permitido el desarrollo de obras para las ciudades y el paulatino involucramiento de los vecinos en la cosa pública, como viene aconteciendo en Cardona con las Mesas de Participación Ciudadana. Pero además de eso, el tercer nivel de gobierno ha proporcionado un ámbito de debate, de controversias, de polémicas sobre todo aquellos temas que tienen que ver con la vida de las comunidades y los asuntos públicos vinculados a la transparencia y la rendición de cuentas que los gobernantes deben brindar a la población.

Esto viene a cuenta sobre lo sucedido el lunes pasado durante la última sesión del Concejo Municipal de Cardona. Dos casos que tienen que ver con la cristalinidad de los asuntos públicos y la igualdad de oportunidades centraron la discusión del Colegiado. El ingreso en forma directa de una funcionaria con destino a la Plaza de Deportes y la dilucidación de la contratación (bajo el nombre de compra de servicios) de la empresa de marketing propiedad de la hija del Alcalde de José E. Rodó por parte de la Intendencia (ver páginas 4 y contratapa de la edición del miércoles pasado de Centenario), permitió a la población observar mediante los medios que cubrieron esos aspectos de la reunión, las miradas disímiles que conviven en el seno del Municipio en aspectos tan sensibles, como es el manejo y uso de los recursos humanos y económicos del gobierno local.

Que la ciudad cuente con un ámbito donde estos temas no pasen desapercibidos, donde sus autoridades los discutan y pongan en tela de juicio el proceder clientelístico del Intendente, más allá de quienes con el silencio convalidan su forma de actuar, hacen a la salud democrática de la comunidad.

La compra sistemática de servicios vinculados con las redes sociales, por parte de la Intendencia de Soriano a una empresa cuya dueña y directora es la hija del Alcalde de la localidad de José E. Rodó y la designación directa por parte del Intendente, sin llamado ni concurso, para ocupar un cargo municipal en la Plaza de Deportes local, son las demostraciones más claras de discrecionalidad con la que se mueven algunas de nuestras autoridades haciendo uso y abuso de los bienes que son de toda la sociedad.

Más allá de que legalmente no exista ninguna reprimenda, saltearse el llamado público para la elección de un cargo y la compra permanente de servicios a una sola empresa, es cercenar el derecho humano de igualdad de oportunidades que todo gobernante debería tener como prioridad, en el entendido que maneja recursos que no le pertenecen y por lo tanto debe bregar por el bien común y no el particular.

En momentos en que el descrédito a la clase política crece como consecuencia de prácticas clientelísticas, reparto de favores y beneficios personales, tener un ámbito desde donde al menos la oposición se da cuenta que los asuntos públicos deben estar abiertos al escrutinio social, a la rendición de cuentas y la transparencia, representa un signo de esperanza para que más cerca que lejos se vuelva a legitimar la credibilidad del sistema político.

El fortalecimiento de los Municipios puede hacer avanzar la transparencia y la rendición de cuentas, porque es el ámbito donde el ciudadano percibe más directamente la acción de gobierno. Pero para ello no solo se necesita una oposición que denuncie las discrecionalidades que el gobierno departamental practica en el territorio municipal, sino también que los gobernantes afines al Intendente le hagan entender a éste que no es ninguneando al Municipio en esas decisiones como se gobierna, sino y fundamentalmente es necesario que los ciudadanos tomen parte más activa, directa y efectiva en la vigilancia y la conducción de los asuntos públicos.

La justificación de que todos (los partidos políticos) lo hacen, no es un recurso válido, más bien representa una resignación ante la constatación de un fenómeno (clientelismo) arraigado en el proceder gubernamental, o en efecto es la convalidación de un procedimiento por el cual se busca un beneficio particular que va en detrimento del bien común y por eso se hace a la sombra de la sociedad.

El mundo de la política no es angélico, es ilusorio pensar que habrá gobiernos responsables y efectivos, limpios y abiertos, si los ciudadanos no lo exigen. No habrá democracia participativa si no participamos. Por eso, en última y decisiva instancia, la tarea de exigir transparencia, rendición de cuentas y responsabilidad política, nos toca a nosotros, el pueblo.






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