​Dictadura deportiva y económica

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La eliminación el jueves de Nacional de Copa Libertadores y hace unos días de Peñarol, entiendo nos debe llevar a reflexionar en profundidad, bastante por encima de las habituales "chanzas" de uno y otro lado, estando más pendientes desde hace tres décadas del sufrimiento del otro más que las alegrías propias.

Obviamente no resulta una casualidad que a lo largo de treinta años, los equipos uruguayos hayan perdido total preponderancia en el concierto internacional, siendo ésto tan así que en dicho lapso, además de nuestros representantes solo bolivianos y venezolanos no han logrado consagrarse - algo que por otra parte nunca pudieron a lo largo de la historia - Desde 1988 a estos días, argentinos, brasileños, chilenos, colombianos, paraguayos, ecuatorianos, y peruanos ganaron en algún momento alguna Copa, y en el mismo período, los uruguayos han quedado eliminados por equipos de todos esos países, también venezolanos, bolivianos y mexicanos, cuando éstos competían en la Libertadores.

La irrupción de Casal, cobrando fuerza a partir del 90 marcó un vuelco determinante, con complicidad dirigencial, y también periodística, por lo que desde que apareció en la concentración de la Selección Uruguaya en pleno Mundial de Italia, haciendo que sus futbolistas representados se sacaran fotos para los clubes hacia los cuales él los había transferido, viéndoselo también sentado en el propio banco uruguayo, fue solo el principio de una dictadura que se extiende hasta nuestros días y parece no tener fin.

Clubes fundidos, y Empresarios multimillonarios, que cambiaron la ecuación, recibiendo éstos el 80% de cada pase y los dueños que son las instituciones apenas el 20% en el mejor de los casos y en cómodas cuotas, imposible subsistir de esa manera y tener pretensiones de ganar algo importante.

Los Clubes reciben apenas una limosna por cada transferencia y pierden por dos lados, se quedan sin los futbolistas y se quedan también sin dinero que ingrese de acuerdo al monto de cada pase.

Así es que nos hemos acostumbrado a festejar los malos resultados del de la vereda de enfrente porque no podemos celebrar los propios, nos conformamos con ganar una rueda del Uruguayo o el Campeonato en sí, cuando esto es obligación de Nacional y Peñarol, por una simple cuestión de presupuestos, planteles, comodidades en cuanto a alimentación y descanso, con una apreciable diferencia económica en donde en muchos casos, un solo jugador de un equipo grande, recibe un salario superior a todo un plantel completo de uno menor, diferencia que luego no queda reflejada en el campo de juego.

Observamos caravanas y festejos cuando un grande es Campeón a nivel local, y todos los fines de semana escuchamos un coheterío infernal en cada Barrio de nuestras comunidades, cuando le hacen un gol a Torque, Progreso, o Racing, con el respeto que los mismos merecen.

La vara de la exigencia está muy baja, demasiado, pero un tema va de la mano con el otro ¿qué otra cosa podrían festejar las nuevas generaciones?.

Después, cada cual como hincha defenderá sus colores, y de acuerdo a eso uno será más grande que otro, pero la grandeza de uno no puede opacar la de la otra vereda, como tampoco debería derivar en los insultos u ordinarieces que pueden observarse en las redes sociales, inclusive por parte de gente que "se llena la boca" hablando en contra de la violencia. Una cosa es la "chanza" bien entendida, que existió siempre y le da sal y pimienta a la cosa, y otra muy diferente lo que sobrepasa los límites, que está bien claro se han perdido a nivel de la sociedad.

En lo personal no tengo dudas que con esta dictadura deportiva y económica, no hay chance de Libertadores, y si la misma pudiera ser derrocada, habría que comenzar a partir de ese momento la reconstrucción del Fútbol Uruguayo, al cual le han hecho un tremendo daño en una actitud cuasi criminal podría decirse.

Mientras tanto, seguiremos festejando clasificaciones a 2da Fase de la Copa, haremos fiestas por ingresar a 4tos, caravanas por llegar a las Semis, o levantaremos monumentos por alcanzar una Final aunque no la ganemos.

En sus tiempos gloriosos, los grandes no se permitían nada de esto y los hinchas tampoco, una eliminación de la Copa equivalía lisa y llanamente a que "rodaran varias cabezas", ahora hablamos de una digna participación.

Necesitamos dirigentes comprometidos que estén a la altura de las circunstancias, y que se muestren dispuestos a llevar a cabo lo que por ahora intentan un grupo de jugadores, nucleados en el Colectivo "Más Unidos que Nunca - que les indican claramente cuál debe ser el camino, ese que dejaron de recorrer hace treinta años por responsabilidad propia.

Tal vez ahí recuperemos también la autocrítica, dejando de echar culpas a los árbitros, a la altura, a la humedad, al viento, a un tiro en palo, el tema sin dudas resulta mucho más profundo, es fácil diagnosticarlo, entiendo que todos más o menos lo tenemos claro, pero mientras más se demore en encarar las soluciones, más hundidos y más en la "chiquita" vamos a seguir estando.



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