​Cuando el negocio es fundirse

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José Pablo Feinmann cierra la nota de contratapa en Página 12, el domingo 29 de abril, con una nota sobre Marx por los 200 años de su nacimiento (5/5/1818). “Mientras haya injusticia y despojo habrá Marx, porque fue el filósofo que propuso cambiar el mundo, no sólo interpretarlo” sintetiza el periodista argentino.

La historia de la humanidad, que es la de la lucha de clases, durante más de 100 años ha conocido los esfuerzos de intelectuales de fuste tratando de demostrar que las ideas marxistas son cosa del pasado porque hemos llegado al ‘fin de la historia’. Después del capitalismo… ¡nada!

Escribo estas líneas a fines de abril, imposible no pensar en el 1º de mayo. El día del trabajo me recuerda, siempre, que hay 364 que son del capital. El reparto es desigual.

El desafío que significa la actualización de las ideas, al ritmo de una época de cambios profundos que se aceleran de manera constante, nos mueve a repensar permanencias y renovaciones. La caída del Muro de Berlín no significó la del marxismo como método de análisis, como praxis, como construcción consciente del futuro. Como sueño de emancipación humana. Otros muros existen y nuevos muros se construyen. Las masas obreras de ayer no existen como tales en el mundo de hoy. Las clases protagonistas del cambio serán otras, las transformaciones de la cultura, el clima de época, el potencial transformador de las tecnologías nos desafían. Pero si el marxismo de hoy no es como el de antes, tampoco el capitalismo, por supuesto. La lucha de clases tiene nuevas formas, protagonismos, ideas, objetivos, posibilidades. Conserva su esencia sin embargo.

Como dijo Lula “cuando oigo que un empresario dice sobre algo que “es una cuestión de educación”, ya sé que no quiere educar a nadie. Si siempre los empresarios hubieran querido crecer gracias a la educación, Brasil no habría sido el último país de América del Sur en tener una universidad. Y encima cuando decidimos sentar en la universidad a los de abajo no se pusieron felices...” Parece que no fuera aplicable ese comentario a Uruguay, por lo menos no totalmente. Pero veo demasiados defensores de la educación privada y mercantilizada como para descartarlo de plano. Muchas dificultades para financiar la educación pública en base al aporte de los más privilegiados. El “mercado” vive y lucha en todos los frentes.

Relacionado con lo anterior “…las Naciones Unidas calculan que por delitos de corrupción se pierden 2,6 billones de dólares cada año, lo que equivale a más del 5 por ciento del PIB mundial, recursos que bien podrían servir para financiar los programas necesarios para atender las necesidades más apremiantes de las poblaciones y lograr un avance significativo hacia el logro de los Objetivos del Desarrollo Sustentable.”1

No tengo claro si los “delitos de corrupción” mencionados incluyen la evasión y la elusión fiscal. No me cabe duda que las guaridas fiscales, tan funcionales al mundo de los poderosos, constituyen un elemento imprescindible para la existencia de corrupción, evasión, elusión, ocultamientos y otras malas yerbas en las que pastan las clases altas (dominantes, elites…). El mundo de las clases subalternas (dependientes, explotadas…) es de una enorme diversidad. Las llamadas clases medias, definición imprecisa si las hay, comparten algo de su situación económica objetiva y mucho de la cultura dominante con la que se identifican. No quieren eliminar el capitalismo porque aspiran a ser clase superior. Las clases trabajadoras quieren “vivir bien” y no es poca la diferencia. Aunque todo está muy difuminado por el aludido clima de época y pautas culturales en las que se arraiga el consumismo individualista. Me arriesgo a opinar que la frontera no está tanto en una ‘línea de ingresos’ sino en la forma de pensar y sentir.

Sigamos en el intento de ejemplificar el funcionamiento de la lucha de clases. En 1948 se aprueba la creación del Instituto Nacional de Colonización; la Federación Rural se opuso. Según el censo agropecuario de 1908, el 9 % de las explotaciones controlaban el 64 % de la superficie aprovechable del país. Esa situación se mantuvo, casi sin cambios, durante un siglo. Como consecuencia natural, en pocas décadas, la población rural se redujo un 30%. En sintonía, entre 1960 y 1970 hay un fuerte proceso de concentración de la tierra. El liberalismo instalado en el sector, responsable de estos procesos, tuvo el apoyo de laAsociación Rural y la Federación Rural. Las exportaciones de carne y lana eran entre el 60 % y el 80 % del total, pasaron a ser sólo un 40 % en los ‘60 y un 35 % en los ‘80. Parece un avance pero sigue cayendo la población rural: 17 % en 1975 y sólo el 13 % en 1985.2 A los procesos de concentración se agrega la extranjerización de la tierra.

En 1980. “Aumentaron los concordatos y las quiebras, los clubes de bancos que intervinieron la gestión de los deudores morosos, la venta de bancos con dificultadas y la fuga de capital. El endeudamiento de las empresas con el sistema bancario alcanzó 80% del PBI en 1982.”3

(…) El libre funcionamiento de los mercados hubiera llevado a la quiebra del sistema y se toman medidas:

“...las compras de cartera que permitieron desplazar hacia el Estado la mayor parte de los deudores bancarios morosos y el respaldo a las ventas de bancos y casas bancarias haciéndose cargo el Estado de la cartera incobrable.”(…) Con lo que puso el Estado -tres veces y media el patrimonio total del sistema bancario- hubiera podido comprarlo. De hecho “se convirtió en propietario de grandes extensiones de tierras y numerosos establecimientos industriales y comerciales”. En 1985 se optó por renunciar a esta posibilidad. La ‘sociedad’ se hizo cargo de las pérdidas en beneficio de propietarios y empresarios. Eso también fue parte y consecuencia de la lucha de clases.

20 años después, la devaluación de Brasil, la crisis argentina, pero sobre todo el manejo temerario, irresponsable o directamente fraudulento de productores, banqueros, industriales, comerciantes… uruguayos o radicados acá, provocan otra crisis y vuelve el “endeudamiento agropecuario” a tener un protagonismo excluyente. El 13 de abril de 1999 hay una movilización del sector agropecuario, un grupo de productores de Colonia levanta como consigna “Rentabilidad o Muerte”. Una vez más la sociedad se hizo cargo de levantar el muerto y las elites (las 500 familias de siempre) se llevaron los beneficios.

Otros 20 años ya pasaron y vuelta al drama del “endeudamiento agropecuario”. Autoconvocados que organizan el movimiento ‘Un solo Uruguay’ para convencernos de que ‘el campo somos todos’. Una vez más nos amenazan: El Uruguay se salva con el campo o perece con él. Ricos y pobres metidos en el mismo barco que ‘se hunde’, compartiendo preocupaciones como si tuviéramos iguales intereses.

Según las gremiales, el sector agropecuario debe al sistema financiero unos U$S 2.481 millones. Lo que sería un 75 % del Producto Bruto agropecuario mientras que en el 2006 la deuda sólo significaba un 24 % de ese PB sectorial. Esto sin considerar un importante endeudamiento con proveedores del sector. Dicen que los niveles de riesgo son altamente peligrosos, en particular, críticos para el mediano y pequeño productor. Pero no es así. Los pequeños y medianos productores tienen dificultades, están siendo atendidos y la situación no es ni parecida a la de épocas pasadas. Unos pocos productores concentran altos porcentajes de la deuda. Entre ellos algunos, conocidos como grandes inversores, a los que el BROU puso alfombra roja.

De qué se hizo la plata de ‘las vacas gordas’ o qué patrimonio tienen los deudores, se sabe poco. La pobreza está muy bien estudiada, pero el secreto de la riqueza está bajo siete llaves.



1Las guaridas offshore: Piratas siglo XXI. Páginas 12, domingo 29 de abril, escribe Rodolfo Bejarano Bernal.

2En base aLa evolución económica y social del sector agropecuario”. Emilio Fernández. / https://eva.udelar.edu.uy

3La dictadura y el capital financiero, Uruguay-1973-1984/Jorge Notaro/Hemisferio Izquierdo.

1 Comentarios

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Buena nota y con muchas verdades.

escrito por william caseras 05/may/18    11:56

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