“Desentrañar el poder y poner los hechos a consideración de la ciudadanía”

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Los Muros del Silencio” no es un libro conocido, pero uno de sus autores si, el comunicador Walter Serrano Abella, que tomó mayor relevancia pública tras el movimiento de los autoconvocados del campo, ahora llamado “Un solo Uruguay” del cual llegó a ser vocero en la movilización de mediados de enero en Durazno. Quizás ese vínculo llevo a que el viernes pasado, en instalaciones del Hotel Elizondo, medio centenar de personas se reunieran para escucharlo sobre su libro.

Minutos antes de su presentación, dialogó con Centenario, señalando que la obra representaba una investigación para “desentrañar el poder” logrando rescatar “un hecho horrendo” sucedido a comienzo del siglo XX , permitiendo con ello ponerlo a consideración de la ciudadana. “Dinamitar esos muros (del poder) es el objetivo del libro”, indicó.

La novela da cuenta de “un crimen horrendo sucedido en el año 1921 en un Cerro Largo donde todavía estaban haciendo guardia el odio y la pasión de las revoluciones tobianas que encendieron el país a principios del siglo pasado”.

Es un crimen que está inmerso como tantos que sucedieron en distintos puntos del país, pero tiene como punto original el nacimiento del amor porque es a causa de un embarazo y termina en el odio y la muerte, porque la forma que tienen de ir a cobrar el saldo del honor es matando al responsable de ese embarazo”, comenta Abella sobre el núcleo de la obra.

“Detrás de eso hay una figura patriarcal de Melo, colegas nuestros, porque Cándido Monegal era el responsable del primer diario que se publicó en el interior, El Deber Cívico y Casiano Monegal, el hijo que mata a quien había dejado embarazada a su hermana, era también una pluma ilustre. Detrás de todo eso el poder de antes, que es el de ahora y que ojalá no sea siempre y un día cambie porque hubo todo una complicidad de los partidos políticos, de las logias, de la sociedad entera, del mundo intelectual para silenciar eso, por eso el libro se llama “Los muros del silencio”.

El autor subrayó que con el trabajo de investigación y posterior edición del libro “lo que pretendemos es dinamitar los muros, no sé si lo lograremos, pero llegamos al expediente judicial que tiene casi cien años, elaboramos esa propuesta que hoy damos a conocer a la gente de Cardona”.

Abella recuerda además que “hasta hace muy poco tiempo la forma legalmente de salvar el honor era el duelo o a sablazos según eligiera el ofendido. Pero hay otra cantidad de contextos que tiene el libro que lo hace apasionante. El bebé que tenía en la panza Hilda Monegal, era Emir Rodríguez Monegal, que en realidad era Suárez Monegal. El fue luego el crítico de la generación del 45 que se ocupó de cuestionar a Borge, Onetti y que terminó dando clases en las universidades de Estados Unidos y fue la figura más brillante de toda esa generación que enriqueció al país. Eso también transforma el crimen en un acontecimiento muy particular”, comentó.

Consultado sobre si esas esferas del poder que fueron capaces de establecer muros para que lo sucedido no trascendiera se mantienen un siglo después, el escritor dijo que “el poder es el poder. Siempre seguirá siéndolo. La tarea nuestra, de todos los ciudadanos del país que sienten la obligación moral de luchar contra todo lo que es la injusticia, la corrupción y la caída de los valores más caros que animaron alguna vez el alma nacional, es esa, es de alguna manera desentrañar estos hechos y ponerlo a la consideración de todos los ciudadanos”, concluyó.  

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