Me duele el corazón, que está a la izquierda

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Lula fue condenado en segunda instancia por un Tribunal Regional Federal (TRF-4). Está acusado de recibir, como soborno de la constructora OAS, un lujoso apartamento en el balneario Guarujá. El fiscal Sergio Moro basó su ‘convicción’ de que es culpable, en la ‘delación premiada’ de Leo Pinheiro, presidente de OAS. En principio Lula no fue mencionado por el empresario, pero su testimonio no fue aceptado como bueno hasta que lo acusó. La defensa de Lula alega que no hay ningún documento que pruebe que es de él. Nunca ocupó el inmueble, ni por una noche. Además la empresa usó ese bien como garantía en un juicio.

Quienes hicieron una cruzada para la crucifixión de Lula, festejaron. A otros nos ganó, la madrugada de este jueves, una preocupación terrible. Ellos tienen la convicción de haber logrado una gran victoria porque el Supremo Tribunal Federal habilitó que el ex Presidente de Brasil vaya preso y quede al margen de la contienda electoral de octubre. Me parece ver a Pirro sonreír socarrón, pero no es consuelo suficiente. Al pueblo brasilero le costará muy caro: sangre, sudor y lágrimas.

Festejaron los grandes medios y las cámaras empresariales. Las bancadas de la Bala, la Biblia y la del Buey (militares, evangélicos y terratenientes). Festejaron sectores de la población ganados para la derecha por el formidable poder del capital, enancado en la ola arrolladora de un humor de época cuasi fascista. La historia lo absolverá, no tengo dudas. Y tengo la convicción de que, más temprano que tarde, otras olas vendrán a romper en estas orillas.


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